El reino de Gnotzi
Pensaba que nada podría ir a peor, pero desde que el viejo Gnotzi murió sus tres hijos se hicieron cargo de las tierras, nada hacia presagiar lo que se estaba cociendo.
Su hijo Babras, el guerrero, era un joven idealista, dado a las batallas y a las reyertas en las tabernas. Sus tierras se extendían por el este del continente, contenía entre otras muchas cosas una montaña rica en aceros y piedras preciosas. Su querido padre no le cedió estas tierras a ciegas, pues sus terrenos lindaban con los espesos bosques de Arabi Eldar, los que se hacían llamar hijos de la luz
Su hermana Cyrlyn, la sabia, era la más hermosa de las enanas, siempre ideando planes y estrategias para conseguir aquello que se propone. Sus tierras se extendian por todo el norte, denominado por los habitantes como las 5 torres no era más que una cordillera árida con cinco montañas que asemejaban los bastiones del castillo. Nunca le gusto demasiado su herencia por que aparte de unos ríos y unos bosques solo habían cascadas
El pequeño Uldred, el bufón, siempre borracho, con la mejor de la suerte y esa picardía que pocos pueden poseer. Parecía ser el único que estaba contento con su herencia pues todo el campo que se extendía por el oeste eran campos de labranza, donde se encontraba, entre otras, los mejores viñedos y el mejor tabaco del continente.
El pueblo, donde por suerte me encuentro, esta ajeno a todo este trajín, el bien denominado pueblo niebla es y siempre sera un puerto pesquero, pocos son los barcos mercantes que arriesgan sus vidas para alcanzar estas costas; uno de ellos es Ulrik, solía traer ricas carnes y unas pieles muy robustas, pero la ultima vez que apareció fue hace unos años, el mismo día que yo llegue a estas costas, fascinado por todas las historias que había escuchado durante toda mi vida, y ahora solo soy Arganis, el demonio extranjero al que todos culpan de que no vuelvan a comer ningún tipo de carne.
Como cada noche me dirigí al muelle para encontrarme con la soledad a la espera de un barco que hacia años que no regresaba, me senté en el filo del muelle, mire al cielo y tras la niebla parecía que una estrella se aproximaba. Baje la mirada y prepare la caña para intentar de pescar alguna cosa, ya hace tiempo que todos los del pueblo consideran que dar de comer al "demonio extranjero" solo traerá desgracia. lo único que me libra de una muerte segura son los pocos peces que consigo durante la noche y alguna fruta que consigo de robar durante el día. La noche transcurría tranquila hasta que el crujir de las maderas me alerto, escondí como pude los peces para que no me los robaran y continué pescando mientras silbaba una vieja melodía, el ruido se acercaba rápidamente hacia mi, de manera que deje más accesible mi vieja daga y clave la vista al agua la cual dibujaba claramente mi figura, si no quedaba más remedio volvería a matar, eso lo tenía claro. El ruido ceso y tras unos largos segundos las voces tras el hablaron.
- ¿Eres Arganis, el demonio extranjero?
- Soy Arganis, pero no conozco ese demonio extranjero del que habláis.
- Cyrlyn, nuestra señora, exige vuestra presencia en palacio.
- No veo razón por la que deba contentar a alguien mientras siga siendo repudiado.
- Nuestra señora le ofrece comida y cama caliente a cambio de sus servicios.
- ¿Y si me niego a cooperar?
- En tal caso, Cyrlyn, mi señora, le ofrece cama y algo de comida en las frías estancias de los calabozos.- Dijeron mientras empuñaban sus hachas con tal fuerza que hacia crujir la madera que agarraban.
Realmente llevarle la contraria a Cyrlyn era como firmar una sentencia de muerte, solo que de este modo uno no sabia la fecha de su ejecución. Dentro de las opciones que tenia la más inteligente fue la de devolver mi daga a su funda, acción que hizo que dejara de crujir la madera entre las robustas manos de mis acompañantes.
- Siendo las opciones que me dais, creo que prefiero un lecho caliente, estoy cansado de humedades y suelos duros y fríos.
- En tal caso levantaos y comencemos el camino.
- Ahora no, saldremos al amanecer, son tres días de camino a pie.
- Nuestra señora dijo sin demora y así se hará.
El rugido de la madera me indicaba que realmente la respuesta no les había gustado nada.
- Como mínimo concededme cinco minutos para recoger todos mis aparejos.
- Tienes un minuto.- Dijo el guardia con una voz ronca.
Ese fue el primer momento en el que gire la cabeza para poder observar el panorama; la sorpresa fue mayúscula al ver que no se trataban de dos guardias, eran cuatro los que tenia detrás, formaban un cuadrado perfecto y se movían como un banco de peces, sin lugar a dudas esto me había confundido, pensaba que solo había dos guardias, al inicio del muelle brillaban otras armaduras pero no sabría decir de cuantas se trataban. No se lo que Cyrlyn esperaba de mi, pero parece que se espera mucho de mi. Termine de recoger todo tan a prisa como pude y me levante quedando de inmediato escoltado por los enanos que me hacían caminar a un ritmo bastante elevado.
Cuando llegamos a la plaza mayor pude ver como nos esperaba un carruaje y una escolta bastante numerosa, la princesa parece que se tomaba demasiadas molestias, accedí al carruaje y dos de los guardias se montaron conmigo, cerrando la puerta a cal y canto tras ellos y tras unos pocos segundos la comitiva arranco a buen ritmo.
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